El inevitable final
estados-unidos-ocupar-wall-streetLa Habana, Cuba. - Crisis que parece inacabable. Ricos que se hacen más opulentos. Pobres que van a la indigencia. Protestas en Nueva York, Madrid o Atenas. Cargas policiales contra manifestantes pacíficos. Alarma entre políticos y partidos tradicionales. El panorama es similar donde quiera que uno fije la mirada en el Norte desarrollado.
El Capital, el monumental ensayo del barbudo filósofo de Tréveris, se ha convertido en un best seller en algunos países, sobre todo en aquellos donde la crisis rompe más duro los bolsillos. Todos recurren a lo que en la Inglaterra victoriana parecía la transcripción de las pesadillas de un afiebrado, y que hoy, casi 150años después, es la realidad de un sistema autodestructivo cuyas crisis cíclicas comienzan a ser cada vez más profundas.
¿Qué está pasando con el paradigma capitalista de éxito y prosperidad personal?
El agotamiento del sitema.
"Todo lo que es sólido se desvanece en el aire", escribían Marx y Engels en El Manifiesto Comunista cuando nada parecía más consistente que aquel capitalismo triunfante y en expansión.
Y resulta que la premonición de los dos alemanes ha tenido sistemático cumplimiento en cada una crisis de las que el capitalismo ha emergido, después de lanzar a más gente a la pobreza.
Hoy se desvanece hasta el "Estado de bienestar", una utopía que pretendió la pervivencia de un capitalismo con rostro humano. Lo que vemos en las principales ciudades del mundo desarrollado son los síntomas externos de una sociedad que se agota en la contradicción entre trabajo y mercancía.
Se fractura el contrato social y ni cargas policiales, ni Cumbres del G-20 salvarán a un sistema cuya desaparición aún demora, pero es inevitable.
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