A punto de dar la vida por su deber
La Habana, Cuba. - En carta a Manuel Mercado, fechada el 18 de mayo de 1895, y considerada su testamento político, ético e ideológico, José Martí deja clara su resolución de dar la vida por su Patria. "Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber", anuncia el hombre que hasta los últimos instantes de su vida quiso guiar a los patriotas por un camino limplio y virtuoso.
Impedir que los Estados Unidos se extendieran por las Antillas y cayeran con fuerza sobre los pueblos de Latinoamérica era propósito de la Guerra Necesaria, que debía, con urgencia, safar a Cuba del yugo español.
A Manuel Mercado, amigo entrañable, Martí le comenta sobre una misiva enviada al New York Herald, en la que exponía los objetivos del movimiento revolucionario cubano y se refería a las maniobras de anexionistas y autonimistas para frustrar los deseos independentistas de Cuba.
Efectos de delicada honestidad
Desde su temprana adolescencia fue la independencia de Cuba el objetivo supremo de la vida de José Martí.
"Si los dolores verdaderamente agudos pueden ser templados por algún goce, sólo puede templarlos el goce de acallar el grito de dolor de los demás", escribe en El presidio político en Cuba, un documento que publica con dieciocho años.
A punto de entrar en la gloria habla a su amigo Manuel Mercado de sus deberes para con la Patria, de la próxima constitución del gobierno, útil y sencillo, que debía guiar a la revolución.
Insiste en que no se deben repetir errores de pasadas contiendas en aras de la independencia, y alerta contra la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o contra los excesos a los que podría llevar el caudillismo.
Maestro en el decir y en el hacer, Martí dejó, en su testamento político, lecciones que deben ser escuchadas por los cubanos de hoy.
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