¡Qué tiempo aquel de mis padres y de mis pobres abuelos!
Dinero y más dineroLa Habana, Cuba. - ¡Qué tiempo aquel de mis padres y de mis pobres abuelos! Magos tenían que ser para dividir el sueldo entre la tripa y los trapos, entre la tropa y el trecho; sin trampas y sin patrañas ni trucos de trapalero: eran pobres pero honrados, trabajadores y honestos.
Mi padre, que madrugaba sin ayuda de los Cielos, y casi hasta medianoche se afanaba con denuedo, jamás tuvo vacaciones ni le crecía el dinero.
Hoy se escucha al que reclama que lo pongan en un puesto donde se trabaje poco, sin fatiga y sin esfuerzo; eso sí: con mucha “búsqueda” por la izquierda y por adentro, por atrás y por abajo, por la curva y por el recto... El vivo vive del robo; y el decente, de los muertos: del ejemplo de sus padres y el rastro de sus abuelos. ¿Qué cualquier tiempo pasado fue mejor? ¡Habrá que verlo!
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