Radio Reloj (CMBD)

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La Habana, Cuba.- Que los representantes de la titulada oposición siria hayan declarado recientemente que su principal función es recepcionar toda la ayuda militar que les llega desde occidente, amén de una confesión cargada de cinismo resulta una absoluta demostración de lo que en realidad acontece en esa nación mesoriental.

Lo han dicho políticos extranjeros, observadores internacionales, analistas y reporteros presentes en Damasco y otras ciudades:Siria vive, más que un levantamiento interno, una abierta agresión externa.

Se trata, en efecto, de un complot urdido por los órganos subversivos imperiales, y que suma, desde la Casa Blanca y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, hasta el sionismo israelí, las satrapías árabes, y los extremistas islámicos, todos coaligados.

Intento de cerco

La estrategia imperialista contra Siria está más que clara. Destruir a las autoridades de Damasco implica cerrar casi por completo el control Made in USA en Asia Central y Oriente Medio, y presionar sobre las fronteras rusas y chinas.

Y en ese camino se están probando todas las variantes.

Así, se ha intentado establecer el esquema de una pretendida revuelta interna a la que paulatinamente se la han insuflado armas y hombres desde países árabes vecinos, así como grupos terroristas extremos como la propia Al Qaeda, responsable incluso de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York en dos mil uno.

A la vez, se utiliza a Turquía como base y punta de lanza en un aumento de las tensiones, y se acelera la modernización y efectividad de los pertrechos que se suministran a los titulados rebeldes.

A pura cara

Para quienes conocen el devenir interventor de los Estados Unidos en Asia Central, lo que acontece contra Siria forma parte, entre otras cosas, de un viejo esquema de complicidad con lo más extremo del islamismo.

Así sucedió en Afganistán décadas atrás, cuando Washington inició su maridaje histórico con Al Qaeda para provocar la intervención militar soviética y atorar a Moscú en un agobiante pantano bélico.

Luego Al Qaeda funcionó como aliado de los Talibanes, que la Casa Blanca creyó adecuados para asegurar el control sobre suelo afgano y custodiar los planes expansionistas de los consorcios energéticos gringos en aquel país.

Desde entonces viene esta historia de controvertido idilio entre Washington y los terroristas islámicos, que actuaron también en Libia y lo hacen ahora en Siria.

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