Estados Unidos ante las pirámides
Egipto antiguoLa Habana, Cuba. - Tanques norteamericanos patrullan las calles de El Cairo, aviones norteamericanos sobrevuelan la capital egipcia, balas norteamericanas fueron disparadas contra los manifestantes… ¿Por qué el armamento de Estados Unidos está tan presente en la nación de las pirámides, sacudida por una inesperada revuelta popular?
La respuesta tal vez está en el apoyo que mantuvo la administración Obama hacia el gobierno de Hosni Mubarak, cuya salida del poder fue reclamada a gritos por miles de egipcios.
“No a Obama, No al régimen de Mubarak”, se puede leer en algunos de los carteles que enarbolaron los manifestantes. Ese sentimiento antinorteamericano no es gratuito, sino el lógico reflejo del rechazo al permanente sostenimiento de Washington al gobierno egipcio, convertido en su aliado principal dentro del mundo árabe, como recordó Fidel en fecha reciente.
Aliado de Washintong
Viejo zorro de la política norteamericana, el ex-secretario de Estado, Henry Kissinger, afirmó sin sonrojo que “hemos tenido cinco presidentes que consideraron que Hosni Mubarak era la mejor manera de alcanzar los objetivos de Estados Unidos en la región”.
Eso explica la estrecha relación de Washington con Egipto, al que Israel también respalda con discreción. Para Tel Aviv era necesario mantener en el poder a Mubarak, quien garantizó el cumplimiento del acuerdo bilateral de paz firmado hace más tres décadas y que muchos árabes consideran un pacto oneroso. Por eso, la marcha de los acontecimientos en Egipto será decisiva para el futuro del mundo árabe, una región estratégica para Washington.
Ahora que Mubarak renunció, de seguro Estados Unidos no se quedará cruzado de brazos, aunque La Esfinge y las pirámides sigan impertérritas.
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