Trabajadores de la salud: incansables luchadores por la vida
La Habana, Cuba. - Nos preguntamos cuánto desvelo puede soportar el hombre, porque, cuando pensamos en ustedes, nos parecen sobrenaturales sus facultades para resistir, sin claudicar, prolongadas vigilias en pos de devolver la salud o arrebatar de la muerte.
Nos preguntamos cuánta energía puede almacenar el hombre, y es que cuando pensamos en ustedes nos parecen seres superiores, incansables, inagotables, fortísimos de cuerpo y alma.
Nos preguntamos cuánta pasión puede sentir el hombre, pues, al verlos actuar, son tan entregados, consagrados, atados a los demás y olvidamos de sí mismos.
Nos preguntamos cuánto humanismo puede proyectar el hombre, y pensamos mucho en ustedes, porque todo lo que los mueve y motiva es la vida: cuidarla, mejorarla, salvarla, prolongarla. Y es que ustedes, soldados de la medicina, son seres humanos extraordinarios en guardia perenne, velando por la salud y el bienestar de sus semejantes.
Un sentido más abarcador
Haciendo honor al legado de Carlos J. Finlay, ese grande que mostró el valor del altruismo, son tiempos en que la medicina cubana engrandece su sentido humanitario.
En el sector de la salud, ha sido nuestra línea tender la mano al prójimo, al desposeído, al necesitado, al enfermo, sea cual sea el lugar de la Tierra donde sufre su pena, donde cae su lágrima. Y son tiempos en que esa virtud nuestra se desborda con creces.
Latinoamérica y el Caribe lo saben, África y Asia también. Porque hasta allí, hasta sus parajes inhóspitos, donde el lamento se levanta desgarrador, hemos llevado la esperanza y salvado el dolor.
Con sus acciones, con ese desprendimiento de lo suyo y de los suyos, para cobijar lejos a otros seres, los médicos cubanos están haciendo historia, de la más noble y buena, de la más pura y hermosa, poniendo en la herida la rosa, para que no dejen de latir corazones.
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