La televisión: una responsabilidad medular
La Habana, Cuba. - Mover las palancas de atracción de un público tan heterogéneo como el que sigue la televisión es una tarea nada fácil, sobre todo si –como en la nuestra- hay que perfilar una programación sustentada en valores esenciales para el ser humano.
Si la comparamos con la de otros muchos países, debemos reconocer que la televisión cubana trasmite un mensaje sin altas dosis de violencia, sin bochornosa manipulación de sentimientos, sin la agobiante promoción del consumismo.
Mientras en el mundo proliferan espacios televisivos que priorizan el sensacionalismo, el morbo y la trivialidad, en Cuba se confiere al principal medio de comunicación masiva una responsabilidad medular, tanto en nuestra batalla de ideas como en los afanes por promover una cultura general integral en la población.
Protagonista cultural
Hoy se cumplen 60 años del alumbramiento de la televisión en Cuba. Y más que dar paso a la nostalgia o al recuento sobre lo hecho desde entonces, es oportuno valorar –sobre todo- cuánta potencialidad tiene aún por aprovechar ese medio, para reflejar fielmente la dinámica de la sociedad cubana.
La influencia social de la televisión obliga a tener siempre las fuerzas en tensión. Para no confundir lo popular con populismo. Para que vaya ganando espectadores más exigentes, a medida que instrucción y cultura vayan verdaderamente a la par.
La televisión no puede ser asimilada sólo como un vehículo de divertimento. Ante todo debe educar, informar; sin renunciar a un lenguaje atractivo. La tecnología es imprescindible, pero más decisivo es el talento de los creadores.
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