Un guerrillero permanente en diaria escaramuza
A menudo, cuando el desaliento nos tiende una emboscada y andamos de escaramuzas contra lo que nos obstaculiza y nos retarda, volvemos a preguntarnos como Mirta Aguirre en su Canción Antigua a Che Guevara: ¿Dónde estás, caballero Bayardo...?.
Porque a menudo, en los tropiezos con nosotros mismos y con los seres cotidianos que somos, olvidamos la sabia advertencia de Martí: Las revoluciones se hacen con los hombres como son y no como debieran ser. Luego nos damos cuenta de que el Che permanece en los atletas que regresan con el orgullo de sus medallas y con la gratitud hacia quienes los formaron; resucita en los médicos que sostienen la felicidad ajena como propia; vive en el que trabaja con el comprometimiento de hacerlo todo bien; sobrevive en nosotros, imperfectos de cada día que quieren ser mejores.
Carta de despedida del Che, en Audio
¿Dónde estás, Caballero Bayardo?
Como si respondiera a la insistente pregunta de Mirta Aguirre, Nicolás Guillén escribió en su poema Che Comandante: “Estás en todas partes: en el indio hecho de cobre y sueño. Y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa de las pieles, y en el azúcar y en la sal y en los cafetos.”
No era retórica poética; el propio Che, al hablar del Héroe de Yaguajay, aseguró que en el pueblo hay muchos Camilos, y al definir la unidad de los cubanos ante la Crisis de Octubre, nos congregó en un sólido Maceo. Los héroes necesarios reviven cuando la urgencia los reclama. Como el Bolívar que aún tiene mucho que hacer en América, como el Martí que no debió morir, el Che también regresará.
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