Cuando el terror trastoca la alegría
barbados_0La Habana, Cuba. - Carlos Alberto Cremata es el director del grupo de teatro infantil La Colmenita.
La dramaturgia le corre por las venas y le ha ayudado a repartir alegrías, lo mismo en suntuosos escenarios que en modestos entarimados de barrio.
Cuenta que nació en un estudio de televisión, porque su madre, fundadora de ese medio, no salía de allí. Igualmente, su padre, trabajador de Cubana de Aviación, se pasaba la vida inventando escenificaciones en el aeropuerto. Tenía, al decir de Cremata, una facilidad extraordinaria para hacer voces y cantar, no era un profesional del arte, solo tenía un histrión natural.
Era su padre de esas personas que siempre alegran a los demás, y por eso era muy querido en su trabajo, en la cuadra y entre sus amigos. Pero la vida le fue arrebatada por manos inescrupulosas el 6 de octubre de 1976.
El laberinto terrorista
Fue el padre de Carlos Alberto Cremata una de las 73 personas que perdió la vida en el atentado a la nave de Cubana de Aviación en Barbados.
Tiempo después de ese atroz crimen, Luis Posada Carriles se regocijó de haber organizado el sabotaje.
Ahora 35 años más tarde, las autoridades norteamericanas no solo se niegan a extraditarlo a Venezuela para ser juzgado como merece, sino que lo apadrinan. El nombre de ese conocido terrorista aparece ligado al ya fallecido Orlando Bosch, ambos también responsables de la voladura de la nave, además de una larga lista de acciones terroristas.
La historia del terror se repite una y otra vez, no sólo en aguas de Barbados o en suelo cubano, sino que se vierte sobre familias enteras.
A Carlos Alberto Cremata y a su familia le fue arrebatado su padre, por eso la denuncia continúa ante tanta hipocresía e impunidad.
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