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José Martí: cartas de la víspera

 

La Habana, Cuba. - Al cumplirse 115 años de la caída de José Martí en Dos Ríos, estudiosos de su obra coincidieron en una Mesa Redonda para comentar las principales cartas que escribió el Héroe Nacional cubano en los días finales de su vida.

El investigador del Centro de Estudios Martianos, Pedro Pablo Rodríguez analizó la carta que el cubano escribió al dominicano Federico Henríquez y Carvajal, a quien lo unía una amistad reciente pero, al parecer, una gran coincidencia en la comprensión de la necesaria unidad antillana.

El panelista observó que, de acuerdo con ese documento, considerado el testamento antillanista de Martí, el Apóstol velaba también por el manchado honor de Estados Unidos.

La investigadora Lourdes Ocampo se refirió a la carta dirigida a Gonzalo de Quesada la cual, por las detalladas instrucciones que daba sobre la edición futura de sus obras, se considera testamento literario de Martí. 

Un canto al decoro

El epistolario tiene una marcada importancia en la obra martiana. Entre sus numerosas misivas resalta la carta a María Mantilla, que constituye un testamento pedagógico, afirmó en la Mesa Redonda la investigadora Yisel Bermúdez.

Tras subrayar el tono amoroso e idealismo de esa carta dirigida a una adolescente, la especialista del Centro de Estudios Martianos destacó cómo el Maestro se concentra en orientar a esa niña, organizarle la vida, crearle un futuro decoroso.

También elogió el concepto martiano de amor, el cual -dijo- es delicadeza, esperanza fina, merecimiento, y respeto. La carta a María Mantilla plantea una ética del ser, resumió la experta.

Su colega Marlene Vázquez se refirió a la extraordinaria y conmovedora misiva de despedida que le escribió Martí a su madre Leonor Pérez. También abordó la última carta del Apóstol a su hijo José Francisco, un texto de hondura, ternura y alto contenido humano.

El tiempo de David

Martí sabía de la importancia del tiempo como factor esencial en la lucha que febrilmente organizó y encabezó por la independencia de Cuba.

En la Mesa Redonda el profesor Jorge Lozano, asesor de la Oficina del Programa Martiano, afirmó que la tira flexible de la honda de David, en manos del Apóstol, fue un arma insuperable cargada con una munición devastadora: el tiempo.

Recordó que a la esencia capitalista de que el tiempo es oro, el Maestro, quien vivió en Nueva York, la cuna de los monopolios, opuso la novedad ética de que el tiempo es amor.

Lozano recordó que el Che preguntó una vez a los combatientes vietnamitas cuál había sido el principal factor de su lucha y ellos contestaron que el tiempo. Por eso, subrayó el historiador, aquella frase del Che de crear Uno, Dos, Tres Vietnam, es lo mismo que crear varias Cubas, es decir, crear muchos David.




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