Aquel abril que cambió nuestro barrio
La Habana.- Al amanecer de aquel sábado fue de sobresalto. Muchos vecinos en el reparto Alturas del Bosque, en Marianao, dejaron los trajines mañaneros y salieron de sus casas, a tiempo para observar el vuelo rasante de un avión militar.
En segundos la curiosidad se transformó en desconcierto y estupor, cuando presenciaron cómo el aparato lanzaba cohetes contra un blanco entonces desconocido.“Esto pinta mal”, le dijo Carlos a su mujer, mientras obligaba a sus niñas a entrar a la casa, porque no se sabía lo que podría pasar. El barrio estaba expectante.
Era el 15 de abril y la escalada de sabotajes y amenazas de agresión contra el incipiente proceso revolucionario ya había tomado tintes alarmantes. Poco después se sabría del bombardeo al cercano aeropuerto de Ciudad Libertad, que antes fuera campamento militar de Columbia.
Fervor patriótico
El artero ataque del 15 de abril del 61 enardeció el espíritu patriótico de los cubanos. En los barrios, los vecinos se hicieron más próximos, se hermanaron.
El 16 un enjambre de pueblo salió a rendir tributo a las víctimas del bombardeo a lo largo del trayecto desde el Rectorado de la Universidad de La Habana hasta el Cementerio de Colón.
Fidel despidió el duelo, ante miles de personas que colmaron la intersección de las calles 23 y 12. Carlos, Alberto, Manolo, Mario, Avelino...allí estaban, en la muchedumbre, con sus uniformes de milicianos. Y con los fusiles en alto decidieron defender con sus vidas la Revolución socialista que traía esperanza a la Patria y a sus hijos.
Fidel fue claro: aquel ataque era el preludio de una invasión y dio la orden de movilización de las unidades de combate.
Héroes cercanos
De nuestro barrio muchos partieron al frente de batalla en la Ciénaga de Zapata. Otros quedaron en la capital, protegiendo bienes del pueblo y aguardando la orden de partida.
La compañía ligera del Batallón 116 de las Milicias Nacionales Revolucionarias fue una de las que enfrentó los combates más intensos.
“Aquello fue tremendo cuando supimos que la invasión había sido aplastada y empezaron a regresar los milicianos al barrio”, recuerda Lila con emoción. Pero no todos lo hicieron. Catorce integrantes del batallón entregaron sus vidas para hacer posible la victoria en Girón.
Poco después una cercana escuela primaria empezó a llamarse Juan Triana y otra, Luis León Montes de Oca, y la fábrica de gomas tomaba el nombre de Benjamín Moreno, que con 15 años no vaciló en el crucial momento. Eran vecinos del barrio, crecidos hasta la heroicidad.
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Abril sus flores abría,
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