Expresión martiana: sinceridad y elocuencia
La Habana, Cuba.- Que los niños de América se convirtieran en hombres elocuentes y sinceros, "hombres que digan lo que piensan y lo digan bien", era la aspiración de José Martí al publicar La Edad de Oro.
Elocuencia es la facultad de hablar y escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir, capacidad que sólo se adquiere mediante las lecturas abundantes y el modelo lingüístico culto y agradable que puedan ofrecer el hogar y la escuela y la comunidad.
Allí donde padres y maestros maltratan a gritos y con exabruptos a los menores que se forman, o lo que es peor:
cuando grosería, obscenidad y violencia imperan en el trato, no se desarrollará el buen decir que identifica a las personas elocuentes, esas cuya amistad todos procuran y a quien se le abren incluso las puertas clausuradas con lacónico ostracismo.
Elocuencia de sinceros
La sinceridad requiere valentía; pero el que es realmente sincero repudia la falsedad, y ese ímpetu casi obsesivo por la verdad lo dota de valor inmedible.
La persona sincera no tolera lo que está deliberadamente mal hecho, ni la injusticia, ni el ocultamiento ilusionista de la verdad, ni consiente el error que el ignorante comete de buena fe.
Por eso el que es sincero dice lo que piensa en el momento apropiado y en el sitio conveniente, y no se vale de subterfugios para denunciar ni para evadir responsabilidad, porque sabe que lo sostiene la razón, cuyo filo puede decapitar al oportunista mentiroso y enmudecer al cómplice.
No es fácil llegar a ser elocuente y sincero como quería Martí; pero es más difícil vivir parapetado siempre en la simulación y tras la bambalina de la retórica engañosa.
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