Estudiar para aprender, no sólo por aprobar
La Habana, Cuba.- Aunque el índice académico de un estudiante –o sea, las notas que alcanza en los exámenes- es un medidor importante de su progreso, lo que no se consigue evaluar con precisión es el desarrollo de sus hábitos, habilidades, destrezas, capacidades, emociones, sentimientos, ideas perdurables...
Ese conjunto de cualidades que integrarán la personalidad definitiva del educando sólo se consigue con sistematicidad, en el trabajo diario, que incluye los fines de semana y abarca a la escuela y la familia, y va desde conmoverse ante un hallazgo científico hasta saber bailar o nadar.
Tales prendas se logran, sobre todo, con el esfuerzo personal y el estudio individual, y difícilmente se obtendrán con un repasador que prepara al escolar sólo para los exámenes a cambio de una paga con frecuencia excesiva.
Aprobar la carrera, no a la carrera
No siempre se concibe correctamente el estudio individual, pues no se trata sólo de tareas para la casa, sino de la acción sistemática que el propio estudiante realiza como un hábito, aunque conscientemente.
Cada día, al volver de la escuela, el alumno leerá las notas de clases, resumirá su contenido en una breve oración y repasará el más importante de los problemas resueltos en el aula hasta memorizarlo.
Después del baño realizará las tareas del día, y el viernes por la noche, o el sábado por la mañana resumirá en una página los asuntos de la semana y repetirá los problemas elegidos por él; además, buscará en los libros la ampliación de los contenidos.
Tales resúmenes serán su principal material de estudio y de repaso, pues no existe mejor repasador que aquel que lo hace consigo mismo.
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