Da las glorias de ayer, sacamos las fuerzas de hoy
Aquel amanecer fue diferente. Era el 26 de julio de 1953, y una audaz acción armada en el oriente del país estremeció la conciencia popular.
Fue la gesta que marcó definitivamente el rumbo hacia la soberanía y la justicia social. La Generación del Centenario –su protagonista histórica- supo hacer suya la prédica martiana, de sólido fundamento político y moral, para defender la dignidad y el decoro de un pueblo.
Por eso aquellos jóvenes se lanzaron al asalto de la segunda fortaleza militar del país, conscientes de los riesgos que implicaba, pero animados con el propósito supremo de alentar la lucha de los cubanos en pos de una sociedad más humana y justa.
El fracaso militar de la acción fue un duro golpe. Pero ni así hubo cabida para el desaliento.
Nada podrá arrebatarnos nuestras conquistas
En su contundente alegato “La Historia me absolverá”, pronunciado durante el juicio por los sucesos del Moncada, ya Fidel advertía que: “Los pueblos, cuando alcanzan las conquistas que han estado anhelando durante varias generaciones, no hay fuerza en el mundo capaz de arrebatárselas”.
¿Quién puede dudar entonces de la estirpe de nuestro pueblo, que día a día da al mundo un ejemplo de coraje y dignidad, en defensa de sus logros, que es decir su Revolución? .
Tal vez otros no se expliquen cómo Cuba sigue resistiendo, en medio de circunstancias tan adversas, cuando ya no existe la Unión Soviética, se esfumó el socialismo en Europa, persiste el repugnante bloqueo estadounidense, no cesan las campañas hostiles contra la isla y la crisis económica mundial golpea con fuerza...
Un compromiso sagrado
El período histórico iniciado hace 57 años en el Moncada no ha sido fácil. La obra revolucionaria que aquel 26 de julio echó sus cimientos, creció, a pesar de múltiples adversidades y un costo elevado de sacrificios.
Gracias a ella Cuba dio impresionantes pasos en la atención a la infancia, la salud pública, la educación, la seguridad social y la elevación del nivel cultural. Gracias a ella Cuba solucionó problemas que hoy agobian a otros muchos países.
Esa es la obra que defendemos. En circunstancias particularmente complejas nuestro pueblo se crece, porque siempre ha sido batallador, valeroso y firme.
Así fue en el Moncada, y no se dejó morir al Apóstol en el año del centenario de su natalicio. Así es ahora, cuando sobran voluntad y vergüenza para mantener viva la Revolución.
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