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Y los cambiamos por compotas

Además del triunfo militar y del afianzamiento del proyecto ideológico de la Revolución, la cruenta invasión de Playa Girón tuvo un desenlace legal del que ya poco se habla. Más de un millar de mercenarios, capturados durante las tres jornadas de combates y en los días posteriores, tuvieron que enfrentar el peso de la justicia revolucionaria.
En un juicio público, que tuvo como sede al Castillo del Príncipe, se pusieron al descubierto los detalles de la artera agresión. Casi al año exacto de la invasión, el siete de abril de 1962, el Tribunal presidido por el Comandante Augusto Martínez Sánchez, dictó sentencia por el delito de traición contra los mercenarios capturados, a quienes se les condenó a pagar altas indemnizaciones y como subsidiarias a penas de hasta 30 años de cárcel con trabajos obligatorios.

SIN CIUDADANÍA, PAGANDO Y PRESOS

Los mercenarios capturados en Playa Girón y sus alrededores, al ser sancionados legalmente por el delito de traición, perdieron la ciudadanía cubana. Los tres principales cabecillas, José Antoni Pérez San Román, Erneido Andrés Oliva González y Manuel Artime Buesa, fueron condenados a pagar cada uno medio Millón de dólares como indemnización al país.

Los demás mercenarios fueron sancionados a pagar 100 mil, 50 mil y 25 mil dólares, de acuerdo con la responsabilidad que tuvieron en la invasión. El fallo del Tribunal señaló que a cada uno se le aplicaría como medida subsidiaria un máximo de 30 años de cárcel “con trabajo físico obligatorio hasta que sea satisfecha la indemnización”. Cuando comenzaban a cumplir la sanción, el gobierno de John F. Kennedy sacó la cara por los mercenarios.

A PAGAR

El gobierno de Estados Unidos trató infructuosamente de no aparecer implicado en la indemnización a Cuba por la invasión de Playa Girón. Los mil 181 mercenarios sancionados debían pagar en total 62 millones 300 mil dólares. El cálculo fue hecho por el abogado estadounidense James Donovan, quien por cierto regaló a Fidel un traje de buzo envenenado, pero eso es otra historia.

Después de las negociaciones, Washington pagó dos millones de dólares con los que se compraron 50 incubadoras avícolas y varias toneladas de alimentos para niños. Aunque no pagaron todo lo pactado, aquella fue la primera vez que Estados Unidos desembolsó una indemnización de guerra. A los cubanos nos quedó el orgullo de haber derrotado fulminantemente la invasión y de haber cambiado a los mercenarios por compotas.




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