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Para que la bailarina siga estremeciendo el alma

Versos Sencillos, José MartíVersos Sencillos, José MartíLa Habana, Cuba.- Visita frecuente en nuestras escuelas es la bailarina española, no la que afortunadamente se conserva intacta en los Versos Sencillos donde José Martí la eternizó con un diez romano, sino la que algunos maestros creen ver.

Llega con atuendo y abalorios de bailaora, olvidando que desde el primer verso hasta el inicio del baile transcurre un largo tiempo: la soledad del poeta, la invitación de los amigos, el lance de la bandera, la llegada de la Bella Otero al teatro, el inicio del baile...

Luego viene en la escuela una inexacta reproducción de la danza, y generalmente se comprenden mal los versos que hablan de recoger el manto, girar débilmente, arrancar de un salto, hurtar el cuerpo, quebrarse y abrir la cachemira para ofrecer la bata blanca.

Un poema viril

Más inquietante en la representación que se hace en nuestras escuelas del poema Diez de Versos Sencillos (conocido como La bailarina española) es la feminización del texto.

No se pide a los varones que declamen los versos, sino a las niñas, aunque se trata de una composición intensamente viril, un poema de hombre para mujer.

Allí José Martí prodiga conmovidos piropos a la Bella Otero, calificándola de divina, comparándola con un alelí y con una mora que era, según se desprende de otras lecturas martianas, el modelo de hembra seductora para el autor.

La descripción del baile está cargada de imágenes eróticas que sugieren el deseo creciente en el poeta, cuyo corazón late agitado con el taconeo y la ondulación de la insinuante bailarina.




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