Martí, la voz inapagable
Discurso que pronunció José Martí el 26 de noviembre de 1891 en el Liceo Cubano de Tampa.La Habana, Cuba.- "Cubanos: Para Cuba, que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella."
Así arranca José Martí el discurso que pronunció el veintiséis de noviembre de 1891 en el Liceo Cubano de Tampa.
La pieza, titulada Con todos y para el bien de todos, ofrece las características de la oratoria del Héroe Nacional cubano, quien solía introducir sus discursos –lo mismo que sus ensayos políticos- con una frase u oración de fuerza sentenciosa, para añadir a continuación una estremecedora arenga.
A partir de ahí se desencadenaba, torrencial, la oración arremolinada a cuyo fin conducía el tono del orador; el extenso período de frecuentes intercaladas, que él cerraba con una sentencia de mármol.
Conciencia y orgullo del ser
Ha quedado el testimonio de que no entendían su mensaje todos los que oían los discursos de Martí –obreros en su mayoría, humildes emigrados, gente arrancada de sus raíces por la guerra-; pero su tono encendido y las imágenes evocadoras de su palabra los envolvía como todavía nos emocionan hoy.
En su oratoria, como en toda su obra en prosa, asoma el hombre que podía olvidar de alimentarse o dejar abandonado el abrigo en una noche invernal de Nueva York: otro era el fuego que lo nutría y alentaba.
Ese ardor pervive en la palabra martiana, en los textos que todos debemos leer con el fervor de quien penetra en recinto sagrado, para comprender por qué "No hay consuelo que se entre con más dicha por nuestro corazón que esta palabra inefable y ardiente de cubano".
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