El rastro sangriento del terrorismo anticubano
terroristas-6-octLa Habana.- Empleadas directa o indirectamente por el gobierno de Estados Unidos, las organizaciones terroristas de Miami han dejado una pista de sangre que siempre termina en la Casa Blanca.
El comienzo de esta historia tal vez esté en la Brigada veinticinco cero seis, organizada, financiada y armada por las administraciones Einsenhower y Kennedy, para terminar humillada en Playa Girón.
A partir de ahí, con más o menos reparos, prácticamente todos los sucesivos gobiernos estadounidenses se implicaron en acciones terroristas contra Cuba.
RRLa intención era, y sigue siendo, acabar con la Revolución que además de poner de cabeza el orden social imperante, se erigió como un ejemplo no sólo para sus vecinos más cercanos, sino para todo el mundo.
Un camino ensangrentado
Desde Washington, el presidente Richard Nixon y su asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, reimpulsaron el terrorismo contra Cuba. Así, en los 70 se arreciaron los planes para matar a Fidel y los atentados contra todo lo proveniente de la isla.
En el 76, autores confesos contratados por los terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, llevaron a cabo un horrendo crimen: la voladura del avión de cubana con 73 pasajeros a bordo.
En su momento, aquel fue el mayor acto de terrorismo cometido en nuestro continente, pero la violencia anticubana no se detuvo y los planes continuaron hasta nuestros días.
Así, toda la sangre vertida aquí, desde el más humilde campesino muerto por las bandas, pasando por nuestros diplomáticos y hasta el joven italiano Fabio Di Celmo, ha dejado un rastro que termina en la Casa Blanca.
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