Fabio amó a Cuba infinitamente
Fabio-Di-CelmoLa Habana.- Quizás el paso del tiempo le haya robado algo de velocidad al andar pero no así a su capacidad de reacción ni al brillo aceitunado de sus ojos verdes.
Hablar de Fabio le remueve a Giustino Di Celmo los más tiernos instintos y el dolor por la pérdida del hijo antes de tiempo, como él mismo dice. Acepta con una naturalidad asombrosa el intercambio porque como bien señala ni un minuto de su vida dejará de luchar contra el terrorismo.
Giustino, el empresario italiano que se siente parte de Cuba, habla del amor infinito del más pequeño de sus hijos por esta isla. ¡Quién no se enamora de Cuba, comenta.
Eso mismo le pasó a Fabio, el único de su descendencia que siguió sus pasos en los negocios y lo acompañó por el mundo. Durante su estancia en este país, refiere, vivió en el Hotel Copacabana, donde todos lo recuerdan con cariño.
A mi hijo le arrebataron la vida
Rodeado de fotografías que recuerdan la vida de Fabio Di Celmo, víctima del terrorismo contra Cuba, su padre Giustino relata la estancia del hijo en el Hotel Copacabana.
Con cierto orgullo narra que luego de hacer su trabajo, Fabio cada día daba consejos y conversaba con los empleados como uno más de casa. También lo recuerda muy preocupado por los niños y como acompañaba cada tarde al salvavidas alrededor de la piscina de agua dulce, para protegerlos de un accidente.
Tanta nobleza de padre e hijo napolitanos contrasta con lo abominable del crimen, después de catorce años. La muerte atrapó a Fabio una tarde del cuatro de septiembre de 1997 justo en el Copacabana, rememora su progenitor.
Lamenta haber sobrevivido a su hijo más pequeño, sin ni siquiera haber tenido tiempo de decir “Papá ayúdame”.
Paradoja del imperio
La causa de tanto dolor tiene nombre, Luis Faustino Clemente Posada Carriles, quien es ahijado del gobierno norteamericano, denuncia Giustino Di Celmo.
Cataloga al terrorista confeso como engendro del sistema político norteamericano, un hombre que ha trabajado con la CIA, entrenado para matar. El recuerdo del hijo muerto, Fabio, un joven juicioso y amante del futbol, le da a Giustino la fuerza y el poder para continuar acusando al imperialismo de proteger a semejante exponente del terrorismo.
El empresario amigo de Cuba, que ha asumido a la Isla como su segunda patria, aprovecha para además de pedir todo el peso de la justicia contra Posada Carriles, exigir la liberación de Los Cinco antiterroristas cubanos.
Define el actuar de Washington como una paradoja donde se condena a los héroes y se protege a los terroristas.
| Artículos relacionados |
|---|
|



