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Una boda singular

habana-vieja habana-viejaLa Habana.- Todos están invitados a la boda entre La Habana Vieja y el joven verano. Cualquiera podría pensar que se trata de una pareja desigual, pero si tomamos en cuenta la efímera existencia del novio, entonces tendríamos que coincidir con Chiqui Gómez Lubián cuando decía que “la dama blanca besa la mano de los que deben morir temprano”.

Será, sin dudas, una boda singular, en la que ella expondrá un traje de calles estrechas, catedrales, fragmentos de murallas, casas señoriales y toda una colección de historias y leyendas, en la que no faltará un prado, balcones y patios coloniales.

Él, por su parte, presentará museos, planes recreativos, actividades bailables, conciertos de música clásica, ventas de libros, y el bullicio propio de los períodos vacacionales.

Al partir

La Habana Vieja y el nuevo verano vivirán en estos meses una intensa relación, aunque como dicen en Radio Reloj: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

La calle Paula en la que vivió José Martí; venta de libros; el planetario que nos brinda muchas razones para amar a nuestra esfera azul y defenderla; peñas humorísticas; todo eso y más se podrá apreciar en la parte más antigua de la capital que, a pesar de los años no deja de mirar hacia el futuro.

un día, cuando el verano diga: “tengo que partir”, La Habana Vieja repetirá los versos de Gertrudis Gómez de Avellaneda: “tu dulce nombre halagará mi oído”.

Mientras que él dirá como Fayad Jamís: “si no existieras/ mi ciudad de ensueños / de claridad y espuma edificada / que sería de mí sin tus portales / tus columnas / tus besos / tus ventanas”.




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