Oda a la paternidad
La Habana.- Los padres que han logrado vencer las tradiciones de ser meros proveedores, comparten el gozo en la crianza de los hijos y hablan de una nueva dimensión en la convivencia familiar.
Muchos son aún los que pretenden perpetuar el tabú de que cuando el padre se involucra emocionalmente se torna suave como una segunda madre.
Afortunadamente, cada día son más los papás presentes en el quirófano en el momento del nacimiento de sus hijos, en los cursos prenatales y de posparto, para capacitarse en el cuidado del bebé. Se necesitan DOS para engendrar un hijo, también se necesitan DOS para su desarrollo.
La intuición femenina permite a la madre establecer una comunicación vital con el hijo desde el momento mismo de su nacimiento, porque interpreta las señales de temor y con mimos, lo tranquiliza pero sin el padre, el cuadro afectivo está incompleto.
Ser padres, la función más importante
El padre proporciona un elemento único y esencial en la crianza del hijo y su influencia es poderosa en la salud emocional.
La madre le dice: “con cuidado”, y el padre le dice “uno más”, al estimular al pequeño a subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de la mano, padre y madre guían al retoño en el camino de la vida.
El padre de hoy se abre a las necesidades más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y logra ver al pequeño en sus propios términos.
Propicia el ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un marco de libertad responsable, no de dominación; lo guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada, por el camino de los valores que desea heredarle.
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