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La más hermosa de nuestras mujeres

La Habana.- Decimos madre y tal vez evoquemos aquella canción que nos enseñaron en el Pre-escolar para que sorprendiéramos a mamá el segundo domingo de mayo.

“Madrecita del alma querida/ en mi pecho yo llevo una flor/ no me importa el color que ella tenga/ porque al fin tu eres madre una flor”, entonábamos, y en la mejilla de la más hermosa de nuestras mujeres poníamos un cálido beso. Decimos madre y buscamos en José Martí, quien mejor definió para los cubanos conceptos como justicia, ética y virtud.

“La Madre -dice el Maestro- esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida. Algo nos guía y ampara mientras ella no muere.” Volvemos a decir madre y junto a la nuestra, que se llamó o se llama María, o Amelia, o Carmen, o Julia o Tomasa, recordamos a valerosas madres como la de los Maceo, Mariana Grajales, y a Manana, la que parió la prole Gómez-Toro.

Por su sensibilidad, por sus dolores

Porque el cubano sabe hacer suyo el dolor de todos, decimos madre y recordamos a las de quienes cayeron en las ciudades y en la Sierra en busca de la total independencia de Cuba.

Rendimos callado tributo a las madres de los mártires de Girón, a las de las víctimas del terrorismo y a las que no pudieron abrazar a sus hijos tras la contienda de Angola.

Decimos madre y nos sentimos muy cerca de las que trajeron al mundo a Los Cinco: Antonio, René, Fernando, Ramón y Gerardo. Nos aliamos más a sus esposas, madres de sus hijos, protagonistas hoy de una de las más urgentes batallas nuestro pueblo.

Volvemos a decir madre y quizás, porque los cubanos vivimos como una gran familia, recordemos a la abuela más anciana de la cuadra y queramos regresar al regazo tibio de la que nunca debería escapar de nuestros brazos.




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