La historia de un poema espiritual
Carilda Oliver, me desordeno amor, me desordeno La Habana, Cuba.- Una leyenda que trasciende el tiempo desde su aparición en el año 1946, Me desordeno amor, me desordeno, de Carilda Oliver Labra, perdura como un himno de los enamorados. Se trata de un poema espiritual, explicó Carilda- que surgió de una visita junto a una tía a las Alturas de Monserrate.
La Premio Nacional de Literatura recuerda que la inspiración de esos versos fue una pareja de jóvenes, quienes al bailar a media luz sostenían una relación corporal muy íntima que transgredía la usanza de la época.
Una señora tomó del brazo a la muchacha y la separó del joven con mal humor.
Esa escena poco común en aquellos tiempos motivó la frase de “me desordeno amor… me desordeno”, que de regreso a casa repetía la joven Carilda hasta casi conformar el poema.
El amor es todo poesía
En una de las cinco Noches de conversación con Carilda Oliver, Vicente González Castro escribió que: “los mejores poemas son aquellos que surgen de los tormentos espirituales humanos”.
Desordenar es uno de los verbos menos excitantes, más moderados, que pudiéramos emplear para describir la locura del deseo o del amor, pero está dicho con una picardía oculta, casi mágica, que “si ella no hubiese escrito ese poema sería menos famosa”.
Esos versos que la poetisa redactó en 1946 vieron la luz antes de “Al Sur de mi garganta” y como parte de un libro se publicó en Memoria de la Fiebre.
“Me desordeno amor, me desordeno”, son unos versos tiernos que describen el primer acercamiento al amor.
Con permiso de Carilda
Carilda Oliver Labra se siente dueña de una vida intensamente larga, al menos para compartir sus amores constantes: la poesía y Matanzas. Carilda, todo un símbolo de la cultura nacional, accedió gustosa a Enfoque para juntos disfrutar sus versos:
“Me desordeno amor, me desordeno/ cuando voy en tu boca, demorada;/ casi sin por qué, casi por nada,/te toco con la punta de mi seno.
/ Te toco con la punta de mi seno/ y con mi soledad desamparada/ y acaso sin estar enamorada/ me desordeno amor, me desordeno.
/ Y mi suerte de fruta respetada/ arde en tu mano lúbrica y turbada/ como una mala promesa de veneno;/ y aunque quiero besarte arrodillada,/cuando voy en tu boca demorada,/ me desordeno amor, me desordeno”.
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