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Quien tiene mucho dentro necesita poco afuera

La Habana, Cuba.- Todas las profesiones para su buen desempeño requieren de mucha vocación, pero la medicina necesita más, ser médico es tener humildad, disposición de sacrificio y corazón bravo.

Con esa premisa comienza cada día, en el Hospital William Soler, para el cirujano ortopédico y traumatólogo, Luis Varela Ravelo, entre diagnósticos, yesos y placas.

A su consulta llegan niños de distintas regiones del país con disímiles afecciones, pero el doctor siempre serio y tranquilo, indica, valora y sana.

Al decir del especialista, el trabajo en el quirófano es su preferencia, porque implica ir directo a la solución de los males que aquejan a los pequeños. Entonces, aunque en algún momento los padres lloren ante un diagnóstico difícil, la minuciosa labor del equipo médico de la unidad quirúrgica del William Soler, logra convertir las lágrimas, en besos.

¡A los médicos del alma, gracias!.

Para las madres que han tenido que esperar en silencio detrás de la puerta de un salón de operaciones, no existe mayor placer que besar en agradecimiento la mano del médico que con confianza le devuelve al pequeño con vida.

El cirujano ortopédico y traumatólogo, Luis Varela, ha visto a muchos chicos crecer entre sus consultas en el William Soler, los niños lo reconocen con familiaridad y hasta lo llaman por su nombre.

El especialista tiene como mayor regocijo el recibir las sonrisas de los infantes y verlos andar con salud.

Los padres, por su parte, no olvidan a ese doctor especial que un día con mucha serenidad, les dijo ante lo que parecía un final incierto, tranquilos, no hay que llorar, todo saldrá bien. 




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