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Rompiendo el corazón de los cubanos

La Habana. Cuba.- Ocho años tiene Mayuli Pérez. María Fernanda Vidal y Lianet Álvarez tienen cinco. Cyntia Soto apenas cumplió tres. Esas niñas son la más dolorosa evidencia del cariz inhumano del bloqueo de Estados Unidos.

Las cuatro tienen problemas cardíacos y esperan ser operadas a corazón abierto, una intervención riesgosa, que necesita de cuidados intensivos y una recuperación de tres semanas.

Tendrán que ser operadas de esa forma, porque Washington, impide adquirir el dispositivo Amplatzer, de fabricación norteamericana, que cierra la abertura defectuosa entre las arterias aorta y pulmonar.

Los materiales con que está confeccionado el Amplatzer evitan el rechazo orgánico y hacen innecesaria la operación a corazón abierto, pero en Washington no se detienen a mirar en que los efectos del bloqueo caen con particular saña sobre nuestros niños.

Sin anestesia

Quieren matarnos y lo hacen dolorosamente, porque la compañía Abbot tiene prohibida la venta a Cuba del Sevofluorane, un anestésico general inhalatorio de rápida inducción que es ideal para niños.

Ese fármaco es un agente de protección del miocardio ante episodios de isquemia en pacientes anestesiados para revascularización.

El asunto es mucho más dramático si se sabe que desde hace tres años, el Cardiocentro Pediátrico William Soler está incluido por el Departamento de Estado en la categoría de Hospital denegado.

A todas los que aparecen en esa lista se les imponen condiciones para la venta de medicamentos e insumos, cuya adquisición se prohíbe si no cumplen las exigencias planteadas. Esa injusticia ha obligado al Cardiocentro dejar de usar varias técnicas quirúrgicas por no poder adquirir determinados materiales en Estados Unidos.

Dolorosa agonía

Entre mayo del año pasado y abril último, el bloqueo ha costado a la salud pública cubana unos 15 millones 200 mil dólares.

Esos daños se deben fundamentalmente a la necesidad de adquirir más caros medicamentos, reactivos, piezas de repuestos para equipos médicos, instrumental y otros insumos en mercados alejados, y en muchas ocasiones con el uso de intermediarios, lo que incrementa los precios.

Pero lo más doloroso es el sufrimiento y desesperación de pacientes y familiares, quienes asisten impotentes a la crueldad de impedir el acceso a medicamentos o instrumentales que pueden salvar la vida de un niño cubano.

No hay piedad entre nuestros vecinos del Norte, quienes con tal de destruir el ordenamiento político de la isla, son capaces de romper el corazón de los cubanos.




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