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La existencia bloqueada de Benito samarit

La Habana, Cuba.- Hace 40 años, el joven Benito Samarít caminaba cuadra y media para ir a abordar el ómnibus que lo llevaba al trabajo.

Luego de varios reordenamientos del transporte, debe caminar 12 cuadras hasta la parada donde tomar la guagua, aunque ahora tiene 40 años más sobre los huesos.

 

El angiólogo que lo atiende sistemáticamente y trata las dolencias de sus piernas, le sugirió en la intimidad de la consulta que -si tiene parientes “allá afuera”- les encargue un medicamento “que aquí no lo hay por razones conocidas, pero es lo mejor para su dolencia”.

Benito ha decidido que, a pesar de que -descontando las rodillas- el resto de su cuerpo funciona bien, le ha llegado la edad de jubilarse porque 12 cuadras no son poca caminata de ida y vuelta diaria.

Eppur si muove

No hay un solo cubano que no sufra, como Benito Samarit, los efectos del bloqueo en el transporte, tanto en el que traslada cargas como el que lleva pasajeros.

Ni han sido pocos los graves accidentes en nuestras carreteras cuando un vehículo de carga pesada se destina a transportar personas.

Tan evidente es el problema, que los camellos que aliviaron un tiempo las tensiones del transporte público capitalino sorprendían por su ingenio a los turistas, y en un libro recién publicado en Buenos Aires, al relatar en un cuento el día normal de un habanero, el narrador argentino Félix Bombarolo no puede obviar las dificultades para moverse en la ciudades cubanas.

No obstante los bloqueos, el talento y la tenacidad demuestran que el  cubano, sin embargo, se mueve.




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