¡Cuidado con los golpes de calor!
Cuando suben las temperaturas en los meses de verano se suelen registrar casos clínicos de golpes de calor, fundamentalmente en bebés, ancianos, enfermos crónicos de diabetes, insuficiencia cardíaca o tensión alta, o quienes realicen esfuerzos físicos al aire libre durante las horas de más calor.
Se trata de una respuesta del cuerpo a una pérdida excesiva de agua y sal contenidas en el sudor, por una exposición prolongada al Sol, por no estar adecuadamente hidratado o limitar el uso de lociones para el cuidado de la piel.
Entre los síntomas más frecuentes de un golpe de calor en niños y bebés se encuentran: mareos, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, desmayos, deshidratación, calambres musculares, agotamiento, cansancio, debilidad y piel muy irritada.
Cómo mitigar el golpe de calor
El golpe de calor ocurre cuando la temperatura corporal se eleva a más de 40 grados. Esto constituye una emergencia médica, al ponerse en peligro la vida del paciente, pues se afecta primariamente el sistema nervioso central, los riñones, e incluso se pueden generar desarreglos en varios órganos.
Ante esa situación urge llevar a la persona a un sitio fresco; si ha perdido el conocimiento, acostarla y elevarle los pies, echarle agua fresca en la cara y las muñecas, abanicarla, darle de beber agua o refrescos, o una taza de café con azúcar.
En el caso de los bebés, se les debe proporcionar algún líquido y mantenerlos alejados del Sol en las horas de más calor.
Las madres deben poner ropa ligera a los más pequeños, mantenerlos en lugares frescos y suministrarles comidas ligeras y no tan calientes.
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