Cuando el ciclismo se llama valor
ciclismoLa Habana, Cuba.- Hay actuaciones que tienen más valor por el amor y el sacrificio que se entrega, que por las medallas logradas.
Y en el cierre del ciclismo, Marlies Mejías y Lisandra Guerra, no solo pedalearon con la fuerza que les daban sus piernas, sino también con la fuerza desbordada de su corazón.
La joven artemiseña era favorita para llevarse la corona en el estreno del ómnium, sin embargo, la altura de Guadalajara le afectó como a nadie, y luego de la cuarta prueba terminó desmayada, prácticamente sin aire, afectada por la falta de oxígeno.
Tras la recuperación; Marlies montó sobre su corcel metálico y salió a la pista del velódromo para escalar una histórica e increíble medalla de bronce, de esas que llevan el calor humano de lo posible, por encima de cualquier adversidad.
Vivir eternamente en el recuerdo de su pueblo
En medio de la tensión por la salud de la ciclista Marlies Mejías en los Juegos Panamericanos, su compañera de equipo, Lisandra Guerra, protagonizó horas más tardes otra hazaña imborrable.
Tras sufrir una caída en la cuarta vuelta del keirin, la matancera se levantó con heridas en el codo y su cadera para seguir pedaleando en pos de su segunda dorada en Guadalajara.
El esfuerzo fue mezcla de dolor y valentía, de querer y poder, en el que solo le importó defender ese traje azul-rojo y blanco que vestía, cual gallarda ciclista que no se deja vencer. Lisandra luchó por el oro que le pertenecía hasta el último segundo.
Estas dos ciclistas dejaron las medallas del valor, esas que no significan subir al podio ni entonar himnos, pero sí vivir eternamente en el recuerdo de su pueblo.
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