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En busca de Giselle

La Habana.- Mientras se adentra en el rico universo de la danza, mientras recibe las primeras clases de una manifestación artística que va más allá de la técnica depurada, cada alumna de ballet tiene un sueño.

Sueña, sobre todo, con vestir algún día el traje de tonos azules y corpiño, que poco después cambiará por un vestuario blanco y vaporoso.

 

Sueña con el estallido de aplausos apenas se asoma por la puerta de su humilde casa, o con estremecer de emoción al público cuando, al conocer que ha sido engañada por su amado, enloquece y muere.

Pero antes, en señal de perdón, le tiende sus brazos. Cada estudiante de ballet sueña, en fin, con convertirse alguna vez en Giselle, la máxima expresión del estilo romántico. Y, por supuesto, quiere que se le llegue a comparar con las grandes, ésas que han sabido darle personalidad propia a un personaje mítico en el ballet, como hizo Alicia Alonso.

La fuerza del ejemplo

Cientos de estudiantes se preparan en las escuelas cubanas de ballet. Por delante quedan largos años de aprendizaje, de agotadoras jornadas de clases y ensayos.

Después llegarán las funciones, la posible consagración. Y nuevas Giselle confirmarán la grandeza de la escuela cubana de ballet, inspirada e impulsada por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, una leyenda sustentada en la tenacidad, el coraje, la inteligencia.

Una bailarina que hizo suyo, tal vez como ninguna otra en el mundo, el espíritu del romántico personaje, en el cual debutó en 1943.

Las nuevas hornadas de bailarines cubanos han asumido con mucha responsabilidad el legado de la maestra, en una puesta en escena elogiada en el mundo entero. Como para demostrarle que GISELLE...sigue viva.




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