Los que nacieron después
La Habana.- Seguramente oyeron hablar de aquellos que escalaron cinco veces el pico Turquino, de los que fundaron las Patrullas Juveniles y la Asociación de Jóvenes Rebeldes, de los que iban farol y cartillas en las manos alfabetizando la isla, de los primeros estudiantes que recogieron el café de las montañas y se ampollaron las manos en las zafras del pueblo...
Habrán oído además de los niños artilleros de Girón, de los que apenas durmieron durante la Crisis de Octubre, de los que iniciaron su hombría en los primeros llamamientos del servicio militar...
Y tal vez piensen con la añoranza de la epopeya en esas historias de una década que no fue prodigiosa sólo por su música, sino sobre todo por sus gentes.
Y quizás no tengan en cuenta que cada día que se vive en Revolución es instante de proeza.
Hoy más que ayer
Así como cada ser humano al vivir contrae sus compromisos personales, cada generación tiene sus retos.
Si a los cubanos precedentes les correspondió echar a andar la Revolución, a los de hoy les toca preservarla contra las ciertas amenazas que generan afuera los propósitos de expoliación y hegemonía, y que engendran por dentro la egolatría y el oportunismo.
Si ayer la historia demandaba acciones heroicas en que los ímpetus del valor sobresalían, el presente reclama perseverancia en el heroísmo del que sólo pueden ser capaces los jóvenes talentosos y capaces.
Lejos de debilitarse, las tiranías en el mundo se fortalecen en el pataleo de sus agonías; valor e inteligencia se requieren para salvar de las catástrofes al mundo, y a Cuba de sus amenazas.
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