Momentos que queman la memoria
La Habana, Cuba.- Las agresiones imperialistas hacia Cuba han cosechado su dosis de horror, y sufrimiento, y aún en miles de cubanos permanecen intactas, pues la memoria inmarchitable perdura en el tiempo, con sus recuerdos lacerantes.
Agentes encubiertos, siervos al servicio de las altas esferas norteamericanas y de organizaciones reaccionarias, al estilo Hermanos al Rescate, la Rosa Blanca, las seudo Organizaciones Revolucionarias Unidas, Alpha 66, y la Agencia Central de Inteligencia, se encargaron de que en Cuba el terror estuviese incrustado con sangre en la memoria.
Transcurría 1961 y en una pequeña sala de cine en la provincia de Pinar del Río, las risas infantiles, en pocos segundos, se trocaron en gritos asfixiados en portentosas llamaradas y estelas de humo, provocadas con fósforo vivo.
Una huella imborrable de nuestra historia
Durante los primeros años de la Revolución, Cuba fue víctima de innumerables incendios en plantaciones cañeras, en los que estuvo la mano de contrarrevolucionarios como la madre de la congresista norteamericana Ileana Ross Lethinen, Amanda Adato; la cual transportaba en pequeños frascos de perfume, por el país, la sustancia explosiva conocida como fósforo vivo.
Otra terrorista, Hilda Barrios relató entonces: “Recuerdo la botella de perfume en la que Amanda metió el fósforo vivo y la cerró herméticamente. Al llegar a Santiago la botella se había roto y la ropa estaba destrozada por el efecto del explosivo”.
El criminal Orlando Boch, también estuvo vinculado en acciones contra centrales azucareros y se jactó de haber lanzado más de cinco mil cápsulas con sustancia de fósforo vivo sobre territorio cubano.
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