La Habana, Cuba. El concepto de Revolución que Fidel enunció el primero de mayo del 2000 fue como un disparo al futuro. Ciertamente, la definición rebasa nuestras fronteras, siendo él mismo, con su ejemplo personal por delante, un revolucionario de talla universal.

Y ahí vuelve a su esencia martiana de que Patria es Humanidad. El comienzo del nuevo milenio sin el campo socialista nos halló enrolados en una batalla de ideas con el reclamo por el regreso de Elián, y, con total sentido del momento histórico, Fidel legaba para Cuba y la izquierda mundial la síntesis de una guía para la acción con la ética como eje.

Pero no llegó Fidel a esas conclusiones de un día para otro; fue resultado de su experiencia como líder de un movimiento de liberación nacional, el profundo estudio de siglos de emancipación y una pulseada sin tregua ante un poderoso imperio.

Defender a Cuba

Dos décadas después del enunciado fidelista, el mundo ha dado muchas vueltas, pero la Revolución Cubana sigue en pie frente a sus implacables enemigos.

No han podido con bloqueo ni conspiraciones aplastar la fuerza de la verdad y las ideas; tampoco la convicción con la que Cuba defiende los valores de su socialismo y cambia lo que debe para perfeccionarlo.

En condiciones de asedio, ahora la pandemia del coronavirus es otra prueba de fuego que enfrenta el gobierno de la continuidad con realismo e inteligencia, pero también está presente la solidaridad y el internacionalismo que proclamó Fidel.

No, no es epitafio ni palabra seca, ni canto de homenaje ocasional. No envejece con los años porque su tiempo es el futuro.

El concepto de Revolución es el llamado de cada mañana a empujar un país.